Los arquitectos Marià Castelló y Lorena Ruzafa
MARIÀ CASTELLÓ:
Marià Castelló Architecture es un estudio fundado en 2002 en la isla de Formentera (Baleares) por el arquitecto Marià Castelló, al que, en 2017, se incorporó la arquitecta formentereña Lorena Ruzafa Tur. Con una estructura de pequeño formato y una producción mesurada, la firma ha desarrollado una práctica estrechamente vinculada al territorio. Su manera de abordar cada proyecto parte de trabajar con pocos encargos simultáneamente para poder atender a todas las escalas de reflexión: desde el territorio y el paisaje hasta la arquitectura, el interiorismo o, incluso, el diseño de algunos objetos.
Un enfoque transversal
El despacho apuesta por un enfoque transversal que engloba múltiples disciplinas como el patrimonio, el paisaje, la vivienda, los equipamientos públicos, el diseño de interiores y de producto, la sostenibilidad, la investigación y la docencia. Su trabajo parte de la atención al lugar, a sus preexistencias, a su clima, a su cultura material y a las personas que lo habitan. Sus principales intereses son la sinceridad constructiva, entendida desde una dimensión tanto ética como técnica, y el equilibrio entre lo telúrico y lo tectónico. Tal como explica Marià Castelló al referirse a la arquitectura en Formentera: “Aquí el territorio no es un fondo neutro, sino un protagonista permanente”.
De la vivienda al patrimonio histórico
Además de proyectos residenciales y de paisaje, Marià Castelló Architecture también ha desarrollado intervenciones en patrimonio histórico, como la restauración de la Torre des Pi des Català o la del Fossar Vell de Sant Francesc, así como proyectos de equipamiento, entre ellos el Centro de Deportes Náuticos en el puerto de La Savina.
Un amplio reconocimiento
Entre los reconocimientos recibidos por el estudio destacan el Premio Ramon Llull de les Illes Balears (2023), el premio europeo Best Architects ’20 (2019), la selección como finalista en la XIV Bienal de Arquitectura Española (2018) y en la 59.ª edición de los Premios FAD, en la categoría de Ciudad y Paisaje, por la obra Restauració del Fossar Vell de Sant Francesc (2017), y la mención especial (segunda posición) en el Premio Europeo de Intervención en el Patrimonio Arquitectónico AADIPA (2017) por la restauración de la Torre des Pi des Català, del siglo XVIII, en Formentera.
Arquitectura, paisaje y memoria
Entrevistamos al arquitecto Marià Castelló para profundizar en una forma de entender la arquitectura en la que el territorio no es un escenario sobre el que intervenir, sino una condición esencial del proyecto. En la conversación, el arquitecto habla de la influencia de Formentera en su manera de mirar y construir, de la relación entre tradición y contemporaneidad, de la importancia de la materialidad y de una práctica que busca establecer vínculos entre paisaje, memoria, tiempo y vida cotidiana.
MARIÀ CASTELLÓ EN INTERIORES MINIMALISTAS

Casa Ses Clotades. Fotografía: Marià Castelló
LA ENTREVISTA:
- Eres el primer licenciado en arquitectura de Formentera. ¿Qué te llevo a decidirte por la carrera de arquitectura?
No recuerdo una decisión única o reveladora, sino una suma de intuiciones que fueron tomando forma con el tiempo. Haber nacido y crecido en Formentera me hizo estar muy atento al territorio, a las construcciones anónimas, a la relación entre las edificaciones y el paisaje, a la luz y a la manera en que la vida se adaptaba al clima y a los recursos disponibles. La arquitectura apareció como una disciplina capaz de reunir muchas inquietudes a la vez: el dibujo, la construcción, la materia, la observación del lugar y la cultura.
Con el tiempo, entendí que estudiar arquitectura era una forma de aprender a mirar mejor. Me interesaba comprender por qué algunas construcciones parecen pertenecer naturalmente a un sitio y otras, en cambio, lo violentan. Quizá por eso, desde el principio, la arquitectura no la he entendido como un objeto aislado, sino como una manera de establecer relaciones: entre las personas, el paisaje, la memoria y el tiempo.
- ¿Cómo ha influido haber nacido y crecido en Formentera en tu manera de entender la arquitectura?
Formentera ha influido de una manera transversal. Crecer en una isla tan pequeña, tan expuesta y tan frágil te obliga a tomar conciencia de que cualquier gesto tiene consecuencias. Aquí el territorio no es un fondo neutro, sino un protagonista permanente. La escala, la horizontalidad, el viento, la escasez de agua, la vegetación, los muros, los caminos y las preexistencias forman parte de una misma conversación.
Como estudio, a Lorena y a mí nos interesa escuchar esa conversación desde el inicio de cada proyecto. En la arquitectura tradicional, paisaje y arquitectura formaban una unidad: era difícil dibujar una frontera precisa entre ambos. Esa lección sigue siendo fundamental para nosotros. No se trata de imitar el pasado, sino de mantener viva una actitud de atención, sensibilidad y responsabilidad hacia el lugar.

Vivienda en Port de la Selva (Girona). Fotografía: Marià Castelló
- Hace 24 años que fundaste tu estudio en la isla. ¿Solo haces proyectos en las Pitiusas?
El estudio nace y trabaja principalmente desde Formentera, y de un modo natural muchos de nuestros proyectos se sitúan en las Pitiusas. Es el territorio que conocemos con más profundidad y con el que mantenemos un vínculo más estrecho. Pero no entendemos ese arraigo como una limitación geográfica, sino como una forma de aproximarnos a cualquier proyecto: atender al lugar, a sus preexistencias, a su clima, a su cultura material y a las personas que lo habitan.
Somos un estudio de pequeño formato y eso condiciona mucho nuestra manera de trabajar. Preferimos desarrollar pocos encargos simultáneamente para poder atender todas las escalas de reflexión: desde el territorio y el paisaje hasta la arquitectura, el interiorismo o, incluso, algunos objetos. Por eso, más que la ubicación concreta, lo que nos importa es que exista afinidad con la sensibilidad del encargo. Seguramente por esto los proyectos que hemos hecho en Barcelona y Port de la Selva son excepciones a nuestra práctica habitual.
- Muchos de tus proyectos reinterpretan la arquitectura tradicional. ¿Cómo integras vanguardia y tradición en tus obras?
Nos interesa encontrar un equilibrio difícil: mirar hacia el pasado sin nostalgia y avanzar sin caer en la amnesia. La tradición no debería entenderse como un repertorio formal que se copia, sino como una acumulación de inteligencia colectiva. La arquitectura vernácula de Formentera contiene soluciones muy precisas vinculadas al clima, a la economía de medios, a la orientación, a la protección frente al viento, al uso de materiales disponibles y a una relación productiva con el territorio.
Integrar tradición y contemporaneidad consiste, para nosotros, en comprender la esencia de esas estrategias y adaptarlas a los sistemas constructivos y a las formas de vida actuales. No vivimos ni construimos exactamente como nuestros abuelos, pero el paisaje sigue siendo frágil y muchas soluciones pasivas siguen siendo plenamente válidas. La arquitectura contemporánea puede ser rigurosa, abstracta y precisa sin dejar de dialogar con una memoria profunda del lugar.

Vivienda Bosc d’en Pep Ferrer. Fotografía: Marià Castelló
- ¿Qué aprendiste de la arquitectura vernácula de la isla que todavía sigue presente en tus proyectos?
Hemos aprendido, sobre todo, una lección de medida. La arquitectura vernácula de Formentera nos habla de geometrías sencillas, volúmenes bajos, adaptación al clima, economía de recursos y una relación muy estrecha entre lo construido y lo productivo. También nos recuerda que el agua era el bien más preciado y que cada decisión constructiva respondía a una necesidad real.
De esa arquitectura nos interesan especialmente la circularidad, el uso de materiales de proximidad, la autosuficiencia y las soluciones bioclimáticas pasivas que surgían de forma natural. Aunque hoy muchas condiciones hayan cambiado y ya no dispongamos de los mismos recursos locales, esa actitud sigue siendo una fuente de sabiduría. Nos ayuda a proyectar con menos arbitrariedad y con más conciencia de las consecuencias ambientales y culturales de cada obra.
- Sueles hablar de sinceridad constructiva. ¿Qué significa exactamente ese concepto para ti?
La sinceridad constructiva tiene que ver con permitir que las cosas sean lo que son. Que un material se exprese de acuerdo con sus propiedades, que una estructura no oculte innecesariamente su lógica, que una intervención patrimonial no finja pertenecer a una época que no es la suya. Para nosotros, la sinceridad es tanto técnica como ética.
En las intervenciones sobre patrimonio, por ejemplo, preferimos establecer relaciones sensibles con lo existente antes que caer en una mímesis desleal. Aunque una intervención contemporánea no hable el mismo léxico que el edificio heredado, puede escucharlo, respetarlo y enriquecerlo. La sinceridad constructiva evita el disfraz y permite que el paso del tiempo sea legible, que cada estrato tenga su propia voz y que el conjunto gane en profundidad.

Torre des Pi des Català. Fotografía: Marià Castelló
- ¿Cómo dialoga un proyecto con el paisaje sin imponerse sobre él?
Un proyecto dialoga con el paisaje cuando antes de proponer se dispone a escuchar. El análisis del lugar, de sus singularidades, orientaciones, vientos, preexistencias, límites y memorias no debería ser una fase protocolaria, sino el origen mismo del proyecto. En un territorio como Formentera, tan limitado y frágil, esta actitud es todavía más necesaria.
No creemos que exista una receta única. A veces la arquitectura se integra por continuidad y otras por contraste; lo importante es encontrar una armonía que pueda resonar con diferentes frecuencias. No se trata de mimetizarse hasta desaparecer ni de imponerse como un objeto autónomo, sino de construir una relación generosa: que el proyecto sea disfrutado por quienes lo habitan, pero también por quienes comparten el paisaje desde fuera.
- ¿Nos puedes hablar sobre la importancia de la materialidad en tus proyectos?
La materialidad es una forma de pensamiento. Los materiales no son únicamente una elección estética, sino una manera de hablar del lugar, del tiempo, de la gravedad, de la luz y de la manera en que una obra se construye y envejece. Nos interesa que los materiales se expresen con naturalidad, que no pierdan su identidad bajo capas de artificio y que trabajen de acuerdo con sus cualidades.
En algunos proyectos, esta dimensión se hace especialmente visible a través del contraste entre lo telúrico y lo tectónico, entre aquello que parece emerger de la tierra y aquello que se posa con ligereza. También nos interesa la imperfección como señal de vida: las texturas, las huellas del proceso, las irregularidades o las pequeñas patologías pueden formar parte de la belleza de una obra. La materia nos conecta con lo tangible y nos recuerda que la arquitectura pertenece al mundo físico antes que a la imagen.

Vivienda en Formentera. Fotografía: Marià Castelló
- ¿Cuál crees que es el mayor desafío para la arquitectura actual?
El mayor desafío es recuperar una responsabilidad profunda hacia el planeta, la sociedad y el paisaje. Durante demasiado tiempo se ha entendido el progreso como crecimiento ilimitado, consumo de suelo y acumulación de objetos construidos. En lugares como Formentera, donde la superficie es muy limitada y la presión urbanística es enorme, esa contradicción se percibe con mucha claridad.
Creemos que la arquitectura debería tender a ser más generosa y menos extractiva. En nuestro contexto, esto implica asumir que el modelo deseable puede estar más cerca del crecimiento cero y de la transformación sensible de lo ya construido que de seguir ocupando territorio. También implica promover una actitud compartida de conciencia, participación y sensibilidad, porque la preservación del paisaje no puede depender solo de los arquitectos: debe ser una responsabilidad colectiva.
- ¿Nos podrías explicar en qué consiste es el proyecto Fragments d’Arquitectura?
Fragments d’Arquitectura es un proyecto que nace por puro placer, como una forma de jugar con los elementos esenciales de la arquitectura con una libertad y una agilidad que la práctica profesional rara vez permite. No son edificios ni maquetas en sentido estricto. Son fragmentos de edificios y de maquetas, pero también de memorias, percepciones, ideas e imaginaciones; pequeños poemas geométricos construidos con luz, espacio, materia, tiempo y silencio.
Trabajamos con piezas de pequeño formato, de 20 x 20 x 5 centímetros, una dimensión que nos permite concentrar una gran carga simbólica y espacial en un momento mínimo. La sección es uno de los recursos principales: cortar, sustraer, abrir o perforar la materia nos permite sintetizar una esencia arquitectónica y convertirla en una experiencia contenida. El visitante puede acercarse, tomar distancia, cambiar de perspectiva y fijarse solo en una luz, una textura, un ritmo o una forma, con una libertad distinta a la que ofrece la arquitectura a escala real.
Fragments funciona también como una mano tendida hacia otras disciplinas. Algunas piezas remiten a obras patrimoniales o a experiencias arquitectónicas concretas; otras parecen hablar en un idioma geométrico más enigmático, entre planta, alzado y sección. En conjunto, forman un sistema de significados interconectados que no se revela del todo a primera vista. Nos interesa esa capacidad de sugerir más que de explicar, de actuar como pequeñas ventanas a un lugar fuera del tiempo. En el fondo, el proyecto es también un manifiesto optimista: un homenaje a la paz, a la armonía y a la belleza entendida no como lujo, sino como una dimensión esencial de la vida.

Fragments d’Arquitectura
- ¿Qué proyectos tienes en marcha en estos momentos?
En este momento, seguimos desarrollando proyectos de naturaleza diversa, principalmente vinculados a la vivienda, a edificios con valor patrimonial y a programas relacionados con el paisaje y el territorio. Nos interesan especialmente aquellos encargos que permiten trabajar con tiempo y profundidad, atendiendo tanto a la escala territorial como a la materialidad, los detalles y la experiencia cotidiana de los usuarios. Recientemente, también creamos una joya junto con Enric Majoral, en la cual pudimos condensar en un elemento muy pequeño muchas de dimensiones y conceptos que antes habíamos ensayado en la práctica convencional.
Paralelamente, Fragments d’Arquitectura continúa ocupando un lugar muy especial dentro del estudio. Aunque pueda entenderse como una práctica artística, para nosotros alimenta directamente la arquitectura. El proceso artesanal de concebir y materializar las piezas en el estudio modifica nuestra manera de mirar los proyectos en curso y los que vendrán. Nos permite ensayar ideas, depurar intuiciones y mantener vivo un espacio de libertad que después, de un modo u otro, vuelve a la obra construida.

Essencial, creada con Enric Majoral
Imágenes cortesía de Marià Castelló







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