
Joana Bover, directora de arte y producto de Bover. Retratos de la Home y el post: Kanela Studio
JOANA BOVER:
Hace tres décadas, un boceto improvisado sobre una servilleta dio origen a Bover, una firma de iluminación que ha sabido convertir la luz en un lenguaje propio. Fundada por Joana Bover en 1996, la marca ha construido una identidad reconocible a partir de una visión profundamente mediterránea, donde la calidez, la naturalidad de los materiales y el cuidado por los detalles conviven con la innovación tecnológica. Una identidad que, sin perder sus raíces en Barcelona, ha acompañado el crecimiento de la firma hasta convertirla en una marca con presencia internacional.
Desde sus inicios, Bover ha entendido la iluminación como algo que va mucho más allá de un objeto funcional: la luz como una herramienta capaz de crear atmósferas, despertar emociones y transformar la manera en que habitamos los espacios. Esa mirada ha acompañado la evolución de la firma durante estos treinta años, manteniendo una esencia propia mientras incorporaba nuevas tecnologías, materiales y la colaboración con diseñadores que han ampliado su universo creativo, un universo del que la propia Joana también forma parte a través de las distintas colecciones que ha creado para la firma.
El compromiso con una forma de hacer
El arraigo en Barcelona sigue siendo una de las claves de la personalidad de Bover. La producción local permite preservar el control sobre cada fase del proceso de fabricación y garantizar los estándares de calidad que han acompañado a la marca desde sus inicios. Un saber hacer que se expresa a través de la cuidada selección de materiales, la atención al detalle y una sensibilidad artesanal presente en sus lámparas, donde tradición e innovación conviven con naturalidad.
La elección de materiales cálidos, la búsqueda de diseños atemporales y el compromiso con la sostenibilidad -entendida tanto desde el respeto medioambiental como desde el bienestar de las personas- forman parte de una filosofía que rehúye las tendencias pasajeras para apostar por piezas duraderas, capaces de acompañar la vida cotidiana de las personas durante años.
La luz como lenguaje
En esta entrevista, Joana Bover recuerda aquel gesto espontáneo en el que dibujó una lámpara sobre una servilleta y repasa la evolución de una empresa nacida de una intuición creativa hasta su consolidación internacional. También reflexiona sobre la manera en que la luz transforma nuestra relación con los espacios y reivindica la importancia de preservar una identidad propia en un contexto global, sin perder nunca la esencia con la que nació Bover.
Una visión que encuentra una de sus expresiones más recientes en Enlighted, el proyecto editorial y conceptual con el que la firma de iluminación amplía la conversación sobre la luz más allá del diseño y la tecnología, reuniendo a diez creadores de distintas disciplinas para adentrarse en los territorios de la emoción, la memoria y la cultura. Porque para Bover la luz nunca ha sido solo una lámpara: es una forma de vivir los espacios y de contar historias.
BOVER EN INTERIORES MINIMALISTAS

Colección Kando de Joana Bover
LA ENTREVISTA:
- Bover surgió sorprendentemente con un boceto sobre una servilleta. ¿Cómo recuerdas aquel momento 30 años después? ¿Cambiarías algo de lo que has vivido como diseñadora y empresaria?
Lo recuerdo con mucha ternura, porque en ese momento no tenía ni idea de hasta dónde llegaría aquel gesto tan espontáneo. Venía de un mundo muy distinto, el del cine y la escenografía, y de repente me encontré dibujando una lámpara casi sin pensarlo, como una necesidad creativa más que como un plan de negocio. Mirando atrás, no cambiaría la esencia de aquel momento: la intuición, las ganas de hacer algo con las manos y con sentido. Quizás sí cambiaría algunos miedos del principio, esa inseguridad de no saber si lo que hacía tenía cabida en un sector tan establecido. Pero ese camino, con sus dudas incluidas, es el que nos ha traído hasta aquí.
- ¿De qué manera ha cambiado vuestra forma de entender el diseño de iluminación desde los primeros proyectos de la marca hasta las colecciones actuales?
Al principio el diseño nacía de una mirada muy personal, casi escenográfica: la luz como recurso para crear atmósfera, para contar algo. Con los años hemos mantenido esa sensibilidad, pero hemos sumado mucho conocimiento técnico, sobre todo con la llegada del LED y de nuevas tecnologías que nos han dado libertad para explorar formas y materiales que antes eran impensables. También hemos aprendido a escuchar más al espacio y al usuario: ya no diseñamos solo un objeto bonito, sino una experiencia lumínica que tiene que funcionar de verdad en la vida de las personas.
- ¿En qué momento sentiste que el lenguaje de la luz podía convertirse en una identidad propia de la marca más allá del objeto lumínico?
Creo que fue cuando empezamos a ver que la gente reconocía nuestras piezas sin necesidad de ver el logo, solo por cómo emitían la luz, por esa calidez tan particular y por las formas que usábamos. Ahí entendí que no estábamos vendiendo solo lámparas, sino una manera de entender la luz: cálida, envolvente, mediterránea. A partir de ese momento, empezamos a cuidar ese lenguaje de forma mucho más consciente, como un hilo conductor de toda la marca.

Nans es una extensa familia de luminarias tejidas a mano, creada por Joana Bover. Fotografía: Kanela Studio
- ¿Qué decisión/es ha/n marcado un antes y un después en la evolución de Bover?
Sin duda, una de las decisiones más importantes fue apostar por producir en Barcelona, manteniendo el control sobre el proceso de fabricación. Eso nos ha permitido garantizar la calidad y seguir creciendo sin perder nuestra identidad. Otra decisión clave fue abrirnos a colaborar con otros diseñadores, lo que nos ha dado una riqueza de miradas que sería imposible si todo dependiera de una sola persona. Y, por supuesto, la expansión internacional, con la abertura de la filial en Estados Unidos, que nos obligó a pensar en global sin dejar de ser quienes somos.
- ¿Qué han aportado esos diseñadores en concreto?
Cada diseñador aporta una sensibilidad distinta que enriquece el conjunto. Hay quienes traen una mirada más arquitectónica, otros una conexión muy fuerte con los materiales, otros una capacidad técnica para resolver retos que a mí sola me costaría más. Lo bonito es que, aunque cada uno tiene su estilo, todos comparten ese respeto por la artesanía y por la calidad que para nosotros es innegociable. Al final, esa diversidad es lo que hace que el catálogo de Bover sea tan amplio sin perder coherencia.
- ¿Qué parte del proceso creativo es más difícil de mantener: ¿la coherencia estética, la innovación técnica o la viabilidad industrial?
Diría que el reto más difícil es la viabilidad industrial, porque muchas veces tenemos ideas muy potentes a nivel estético y conceptual, pero hay que aterrizarlas en algo que se pueda producir de forma consistente, con los tiempos y costes que un negocio necesita. La coherencia estética, en cambio, sale casi de forma natural porque todos compartimos una misma sensibilidad. Y la innovación técnica la vivimos más como un aliado que como una dificultad: nos abre puertas que antes no teníamos.

Materiales, texturas y acabados reflejan el ADN mediterráneo de la firma
- Bover se ha declarado siempre muy mediterránea. ¿Hasta qué punto el entorno mediterráneo sigue influyendo en las decisiones formales y cromáticas de la firma?
Muchísimo, es parte de nuestro ADN. La luz del Mediterráneo tiene una calidad muy especial, cálida y dorada, y eso se traduce en nuestra paleta de colores y en los materiales que elegimos: fibras naturales, maderas, tonos tierra. Las formas también tienen ese aire relajado, orgánico, que invita a vivir despacio. Por mucho que crezcamos internacionalmente, esa mirada mediterránea sigue siendo el punto de partida de todo lo que hacemos.
- ¿Cómo equilibráis la creación de piezas atemporales con la presión de las tendencias globales del diseño?
Para nosotros lo atemporal es casi una obligación: no diseñamos pensando en un tiempo, sino en una pieza que tenga sentido dentro de diez o veinte años. Eso no significa que ignoremos las tendencias, las observamos, pero las dejamos influir de forma sutil, más en matices de color o acabados que en la forma o el concepto central de la pieza. Si una colección depende demasiado de una moda concreta, sabemos que no es coherente con lo que somos.
- En vuestro proceso de diseño, ¿en qué momento una idea deja de ser una exploración y se convierte en una pieza lista para formar parte de una colección?
Cuando la pieza funciona en tres planos a la vez: estético, técnico y emocional. Es decir, cuando nos sigue emocionando después de muchas revisiones, cuando técnicamente es viable producirla con la calidad que exigimos, y cuando encaja de forma natural dentro del lenguaje de la marca. A veces eso ocurre rápido y, otras veces, una idea puede estar años «madurando» en el cajón hasta que encontramos la solución que la hace viable.

Proceso de desarrollo de la lámpara Tanit de Gonzalo Milà
- ¿Cómo se eligen los materiales a la hora de diseñar: prima más la sensación de calidez y el tacto, o la resistencia y el comportamiento del material con el paso del tiempo? ¿Con qué materiales trabajáis habitualmente?
Para nosotros ambas cosas van de la mano, no concebimos un material que sea cálido pero que no envejezca bien, ni uno muy resistente pero frío al tacto. Trabajamos con fibras naturales y sintéticas tejidas a mano, maderas, cristal opalino, tejidos de algodón. La clave es que cada material aporte ese carácter artesanal y esa calidez que queremos transmitir, y que además se comporte bien con el tiempo, el uso y, en el caso del exterior, con la intemperie.
- Bover cuenta con un amplio catálogo. ¿Hay alguna lámpara de la que te sientas especialmente orgullosa?
Es difícil elegir una sola, porque cada colección representa un momento distinto de la marca. Pero si tengo que destacar alguna, seguramente son las Dome, porque fue una de las primeras piezas en las que sentí que habíamos encontrado nuestra voz propia, esa combinación de libertad, artesanía y luz cálida que después se ha convertido en parte de nuestra identidad.
Con las Dome conseguimos que fueran las sombras quienes hablaran de luz. Con Benedetta imaginamos un elemento que pudiera contar una historia dibujada en el suelo a través de las sombras que ella misma emitía ¡una lampara que no tenía luz en su interior! En aquel momento la idea era una locura, nos divertimos mucho haciendo pruebas, hasta encontrar nuestra estrella dibujada en el suelo.
Aprendimos juntas que podíamos domesticar la luz y pensarla de muchas otras maneras, solo hace falta dejar volar la imaginación y ser valiente para explicar y defender tu idea.

Dome, la escultura lumínica de Benedetta Tagliabue
- En términos de sostenibilidad, ¿qué compromisos habéis integrado en el diseño y fabricación de vuestros productos?
La sostenibilidad para nosotros empieza por el propio concepto de diseño atemporal: una pieza que dura muchos años y no pasa de moda ya es, en sí misma, una apuesta sostenible. Trabajamos con fibras sintéticas reciclables en muchas de nuestras pantallas, apostamos por la tecnología LED para reducir el consumo energético y, al producir en Barcelona y apoyarnos en proveedores locales, reducimos también el impacto del transporte. Entendemos la sostenibilidad en un sentido amplio, que también incluye el bienestar de las personas: una luz bien pensada cuida la vista, regula nuestros ritmos y mejora la calidad de vida en el día a día. Para nosotros, sostenibilidad y bienestar van de la mano.
- ¿Crees que hoy en día se valora realmente lo que aporta una buena iluminación a cómo se vive y se percibe un espacio?
Cada vez más, aunque todavía queda camino. Durante mucho tiempo la iluminación y las cortinas han sido los últimos conceptos en vestir un espacio, casi como una cuestión funcional. Pero actualmente hay una conciencia creciente sobre cómo la luz afecta a nuestro bienestar, a nuestro estado de ánimo, a nuestros ritmos circadianos y la relación que tenemos con el espacio. La luz es, en cierto modo un “material invisible” porque no ocupa espacio, pero es capaz de transformar por completo la percepción del espacio.
Es importante saber crear capas de luz: luz ambiental, luz de trabajo, luz de acento. Pienso que, al final, la iluminación es algo parecido al sonido de una película, cuando está bien hecha casi no te das cuenta de ello, pero determina en gran medida cómo te sientes.

Producción local y artesanal. Fotografía: Kanela Studio
- Una de vuestras más recientes propuestas es Enlighted, un proyecto editorial y conceptual que reúne a creadores de distintas disciplinas para reflexionar sobre la luz. ¿Qué ha supuesto para la marca participar en este diálogo entre arte, emoción y diseño?
Enlighted es un modo de entender nuestro trabajo y es también emoción, memoria, pensamiento y cultura. Un libro de marca te permite salir del producto en sí y reflexionar sobre lo que realmente representa la luz en otras disciplinas distintas a la nuestra. Incluir el arte y la cultura que nos rodea desde un punto de vista distinto. Hablar de luz no solo técnicamente o como diseño, sino como parte de una mirada más amplia, sobre cómo vivimos y pensamos y como todo ello impacta en nuestra vida.
Enlighted nos recuerda que, aunque seamos una empresa de iluminación, formamos parte de una cultura que nos rodea y que alimenta tanto nuestras emociones personales como nuestro trabajo.
- Si tuvieras que definir el futuro de Bover en una sola idea, ¿cuál sería?
Diría que el futuro de Bover está en seguir entendiendo la luz como un vínculo entre cultura y bienestar: mantener nuestra identidad, el respeto por el trabajo artesanal y el cuidado por el detalle, pero con la mirada puesta en cómo nuestras piezas pueden seguir mejorando la forma en que las personas viven, descansan y se relacionan con sus espacios. Sin perder nunca el alma con la que empezó todo, aquella servilleta.

Joana Bover junto a la arquitecta italiana establecida en Barcelona Benedetta Tagliabue, una de las 10 miradas del proyecto Enlighted
Imágenes cortesía de Bover





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