KEIJI TAKEUCHI:
Keiji Takeuchi nació en Fukuoka (Japón) y pasó la mayor parte de su juventud en Nueva Zelanda. Durante sus estudios de licenciatura en diseño de producto en este país, obtuvo una beca para estudiar en ENSCI/Les Ateliers en París (Francia). Tras graduarse, regresó a Japón y trabajó para Naoto Fukasawa. En 2012, se mudó a Milán y, en 2015, fundó allí su propio estudio de diseño.
Desde su estudio en la capital italiana del diseño, la práctica profesional de Takeuchi abarca tanto el diseño puramente industrial, como el de mobiliario, iluminación, accesorios e interiores comerciales. Además de comisariar exposiciones y actuar como director artístico en algunas marcas.
Qué permanece cuando se elimina lo accesorio
En su trabajo como diseñador de producto, figura una búsqueda constante de aquello que permanece cuando se elimina lo accesorio. Para Takeuchi: solo el diseño esencial logra perdurar, y es ese tipo de soluciones lo que busca, aportando siempre un sutil toque de calidez. Su enfoque de diseño trata de enfatizar la esencia de las cosas, buscando maneras de mejorar la naturaleza de los productos de la forma más simple y humana.
El diseño de Keiji Takeuchi se centra en crear un diálogo espontáneo entre los objetos y nuestra vida cotidiana. Para él, un objeto alcanza su plenitud a través de su uso: cuando alguien lo manipula, convive con él y encuentra satisfacción en la interacción. Le fascina observar cómo vive la gente y cómo cada persona es capaz de utilizar los objetos de manera distinta para fines que van más allá de sus funciones originales, otorgándoles así un valor añadido.
Colaboraciones en distintos países y continentes
Actualmente, el diseñador colabora con numerosas firmas de renombre en varios países y continentes, como el grupo Millerknoll en Estados Unidos, Fredericia en Dinamarca, Nine en Reino Unido, Boffi De Padova en Italia, dirigiendo artísticamente algunas marcas y colaborando con Karimoku en Japón, entre otras.
A lo largo de su trayectoria profesional, ha recibido numerosos reconocimientos. Entre los más recientes destacan: el ADI Design Index 2024 por ALESSI slow coffee; el Monocle Design Award 2024, en la categoría Top Dining Chair, por Villetta para De Padova; el WERKZEG Gold Prize 2024 por ALT para Faust; la selección de Profil, de Hydro, como finalista en los Dezeen Awards 2025; y el BIG SEE Product Design Award 2026 – Winner, concedido a Profil, de Hydro.
Una exposición dedicada al humilde bastón
Además, la exposición colectiva «Walking Sticks & Canes», comisariada por Keiji Takeuchi, fue incluida en la long list de los Dezeen Awards 2024. En ella, diseñadores a los que él admira, como Chris Liljenberg Halstrøm, Henri Frachon, Hugo Passos, Jasper Morrison, Julie Richoz y Julien Renault, entre otros, tenían la misión de diseñar un bastón. Su intención era transformar un elemento que a menudo carga con un estigma médico o relacionado con una edad avanzada, en un accesorio de diseño atemporal y funcional.
En esta entrevista descubrimos cuál es el enfoque de diseño de Keiji Takeuchi, qué ocurre detrás de sus objetos, en qué consiste para él el diseño y qué significa diseñar en un momento en el que tenemos más objetos, más información y más posibilidades que nunca.
KEIJI TAKEUCHI EN INTERIORES MINIMALISTAS

Luminaria O-Light para Yamagiwa (2026)
LA ENTREVISTA:
- ¿Por qué decidiste estudiar diseño de producto?
Mis abuelos eran sastres en Japón, y crecí rodeado de telas, máquinas de coser y todas esas herramientas que, al salir de la escuela, se convertían en mis juguetes. Es posible que esto haya marcado mi infancia; disfrutaba creando cosas y dibujando siempre que tenía tiempo libre.
A los 15 años, me mudé a Nueva Zelanda sin tener muy claro qué quería para mi futuro, más allá de viajar y estar en un entorno nuevo. Al cumplir los 17, mientras me preparaba para iniciar mis estudios superiores, reflexioné sobre lo que me gustaba hacer y, durante las sesiones de orientación académica, descubrí el diseño. Aunque me apasionaba el arte y crear cosas por puro placer, sabía que no era más que una afición y que no sentía una verdadera vocación por ello. Sin embargo, al comprender que el diseño consiste en desarrollar ideas con un propósito para los demás, supe que ese era mi camino y, desde entonces, nunca he vuelto a dudar.
- Tras nacer en Japón, crecer en Nueva Zelanda, estudiar en París y trabajar en Tokio ¿cómo decidiste montar tu estudio en Milán?
Mi padre visitó Roma cuando yo era niño y nos contó mucho sobre su experiencia. Por eso, cuando vivía en París, hice un viaje en tren de 20 horas hasta Nápoles y visité varios lugares por el camino -incluida Roma-, con la voz de mi padre resonando en mi cabeza. Todo resultó fascinante, tal como él había dicho, y guardo recuerdos muy vivos de aquel país. Sin embargo, nunca había vivido allí, y sentía curiosidad. Italia, además, era para mí un referente fundamental en cuanto a arte, diseño, gastronomía e historia.
Mientras trabajaba en el estudio de Naoto Fukasawa en Tokio, viajaba a menudo a Milán con él. En cada visita, descubría algo nuevo que me entusiasmaba, y mi admiración por la ciudad no hacía más que crecer. En 2011, tras el trágico terremoto en Japón, mi pareja de entonces -hoy mi esposa- y yo nos planteamos si era buena idea seguir en Japón, sin conocer el alcance real de la contaminación radiactiva, teniendo además la posibilidad de marcharnos. Por aquel entonces, yo supervisaba varios proyectos en Italia para Naoto, así que trasladarme allí parecía el paso más lógico.
El estudio de Naoto tenía muchos proyectos en marcha, y acordamos que, a partir de 2012, podría empezar a trabajar de forma remota desde Italia como colaborador externo. También pactamos que, una vez consolidada nuestra relación profesional y nuestro ritmo de trabajo, podría dedicarme a mis propios proyectos de manera paralela. Así, en 2015, alquilé un pequeño espacio en un estudio de arquitectura cercano a la oficina de Naoto y puse en marcha mi propia actividad. Al principio, iba y venía a diario entre ambos lugares. Echando la vista atrás, fue una etapa muy divertida de mi vida, en la que no sabía exactamente hacia dónde me dirigía.

Sistema de perfil extruido para Hydro (2025). Fotografía: Einar Aslaksen
- ¿Cuál es tu enfoque del diseño? ¿Cómo desarrollas tus ideas?
Creo que soy una persona bastante curiosa y optimista, y disfruto encontrando huellas de la vida de los demás en los momentos cotidianos. Me fascina observar cómo vive la gente y cómo cada persona utiliza los objetos de maneras distintas. A veces, en mis clases, hablo de mi propio enfoque de diseño al que llamo «segunda naturaleza de las cosas». Con esto me refiero a que las personas emplean los objetos para fines que van más allá de sus funciones originales, ya sea porque su forma o las asociaciones que despiertan -basadas en la experiencia y el conocimiento de cada uno- les otorgan un valor añadido. Estoy seguro de que todos recordamos haber dicho o haber escuchado alguna vez la frase: «¡Qué ingenioso eres!». Esa expresión sugiere que has logrado dominar una «segunda naturaleza de las cosas»: has resuelto problemas de una forma inesperada gracias a tu comprensión del contexto. Este tipo de situaciones me inspiran y se convierten en una fuente natural de ideas.
- ¿Cómo conviven en tus diseños tu cultura de origen y las influencias que has recibido trabajando y estudiando fuera de Japón?
Creo que, sencillamente, soy nativo de mí mismo. Por eso no sabría decir qué parte de mí es japonesa, cuál es neozelandesa, etcétera. Pero cada experiencia cuenta y esas capas han ido forjando mi conciencia. A veces puedo llegar a decir: «Esto es muy japonés». O alguien me comenta: «No eres tan japonés». Pero, en realidad, podría tratarse simplemente de un rasgo de mi personalidad…
- ¿Diseñas pensando en el presente o imaginas también cómo se relacionará alguien con ese objeto dentro de treinta años?
Terminar un diseño sobre la mesa de dibujo no significa que el proceso haya concluido. El diseño solo cobra vida cuando entra en uso. Por eso, reflexiono mucho sobre cómo envejecen los objetos y cómo adquieren una pátina con el paso del tiempo. Es también la razón por la que evito seguir las tendencias estéticas contemporáneas; esas modas pueden desvanecerse con los años. Solo el diseño esencial logra perdurar y es ese tipo de soluciones lo que busco, aportando siempre un sutil toque de calidez humana.
- ¿En qué momento un objeto deja de cumplir únicamente una función y comienza a transformar nuestra forma de vivir?
¿Quizás cuando las cosas tocan nuestros deseos comunes no realizados?

Lounge chair Zunto editada por by interiors (2025)
- ¿Cuándo sabes que un objeto ha llegado al punto en el que ya no necesita nada más?
¿Sabe un árbol cuándo dejar de crecer? Creo que nunca podremos saberlo. De lo contrario, nuestra civilización habría dejado de desarrollarse en algún momento. Considero que está en nuestra naturaleza buscar la mejora constante. ¿Será que nuestra curiosidad y ambición están escritas en nuestro ADN?.
Pero si hablamos de cuándo dejar de trabajar en un diseño, supongo que a todo diseñador le surgen dudas, especialmente en torno a pequeños detalles de elementos que ya hemos diseñado y puesto en producción. Afortunadamente, la perfección no existe, lo que nos permite seguir mirando atrás y aprendiendo de la experiencia.
- ¿Qué objeto cotidiano te gustaría rediseñar?
Para mí, el diseño consiste en tener una idea para mejorar la calidad de vida, y esto no tiene por qué suponer un mayor coste. El sentido del humor, o simplemente otra forma de ver el mundo, puede dar lugar a soluciones ingeniosas sin necesidad de grandes cambios. Siempre observo cómo vive la gente y, si algo en una situación concreta no me encaja, empiezo a pensar en cómo puedo mejorar los objetos que las personas utilizan a diario.
- Has trabajado con fabricantes y marcas de culturas muy diferentes. ¿Has descubierto que existen principios universales del diseño o, por el contrario, cada cultura tiene una idea distinta de lo que significa un “buen objeto”?
Sí, lo hay. Las diferencias culturales pueden moldear la comprensión en diversas situaciones, pero creo que el diseño puede trascenderlas. Con mis estudiantes o en mi estudio, a veces comparto mis pensamientos personales sobre la “felicidad universal”.
La felicidad universal es algo que todos los humanos comparten, libre de prejuicios conscientes. Hay momentos en los que todos ríen, sonríen y lloran porque compartimos algo que es más primitivo. Recuerdo la primera vez que escuché misa en Notre-Dame de París. Tenía quizás 22 años. Aunque no tenía idea de qué cantaban, el sonido viajó a través de mí y quedé muy conmovido por la hermosa combinación de notas y voz. Entonces entendí que estas canciones fueron escritas para tocar el alma de los humanos sin importar quiénes fuéramos.

Taburete Seto para Fredericia (2023)
- En la Semana del Diseño de Milán 2024, comisariaste la exposición “Walking Sticks & Canes” en la Triennale Milano, una exposición que después ha viajado a distintos lugares y que finalmente dio lugar a un libro. ¿Qué te llevó a hacer una exposición sobre un objeto tan aparentemente humilde?
Durante muchos años, me interesé personalmente por este tema y fotografiaba los bastones que me parecían interesantes. Como mencioné anteriormente, residía en Tokio y cuando viajaba a Europa, siempre encontraba ejemplares mucho más originales y personalizados, a diferencia de los bastones genéricos e impersonales que veía en Japón. A veces tenía la impresión de que, en Japón, usar un bastón resultaba tan vergonzoso que la gente buscaba algo lo más discreto e imperceptible posible.
Valoraba profundamente los matices que cada bastón revelaba sobre su dueño. Los veía como una especie de autorretrato, una caricatura que reflejaba la personalidad de quien lo usaba. Hacia 2018, empecé a considerar esto como una posible línea de trabajo, aunque la idea quedó relegada a un segundo plano en mi mente. Luego llegó la COVID-19, que azotó al mundo -con un impacto especialmente grave aquí, en Italia- y dio lugar a largos periodos de confinamiento a nivel global.
Suelo ir caminando desde casa hasta mi estudio, un trayecto en el que habitualmente pasaba junto a grupos de personas mayores que se reunían alegremente en los cafés. Tras el confinamiento, retomé mi rutina de ir a pie al estudio, pasando de nuevo por esos cafés, pero ya casi no vi a ninguna persona mayor. No es que hubieran desaparecido; más tarde supe que el confinamiento había afectado gravemente a los ancianos, provocando que perdieran su capacidad para caminar.
A veces vemos en televisión a los astronautas que, al regresar a la Tierra tras una misión orbital, son transportados en camillas porque, en cuestión de días, han perdido la capacidad de adaptarse a la gravedad. Imaginemos, pues, el impacto que supone para una persona mayor permanecer en casa, sin caminar, durante más de medio año. Al enterarme de esto, supe que quería hacer algo para ayudar; sentí la necesidad de contribuir, de alguna manera, a que las personas mayores volvieran a salir a la calle.
Empecé a pensar en diseñar un bastón que transmitiera este mensaje, pero enseguida me di cuenta de que presentar un único bastón resultaría insuficiente para hacer justicia a la dignidad de sus usuarios. Entonces, se me ocurrió una idea optimista: organizar una exposición colectiva junto a diseñadores a quienes admiro profundamente. Consideré que crear una muestra en torno a este objeto tendría un impacto mucho mayor, dotando al tema de múltiples facetas y significados.
Visité a Marco Sammicheli, quien en aquel entonces dirigía la curaduría de diseño en la Triennale Milano, para exponerle mi idea y solicitar el apoyo de la institución con el fin de presentarla en la planta baja durante la Milano Design Week 2024; mi intención era crear una muestra cercana y accesible para todos. Paralelamente, me reuní con Hiroshi Katoh, director ejecutivo de Karimoku Furniture en Japón. Le comenté la idea de manera informal mientras estábamos en una terraza del showroom Karimoku Commons, en Tokio; apenas diez minutos después, él aceptó encantado patrocinar la exposición. Fue algo totalmente inesperado, ya que no se trataba de una reunión formal para recaudar fondos ni nada por el estilo; simplemente estábamos tomando un café durante mi visita a Japón. Tuve mucha suerte. Así fue, como surgió todo.

Exposición “Walking Sticks & Canes” en la Triennale Milano (2024). Fotografía: Julien Renault
- En 2025 impartiste un workshop en la escuela Elisava de Barcelona y participaste en la conferencia Monocle Quality of Life también en la Ciudad Condal. ¿Cómo describirías el panorama actual del diseño en España?
No hace falta decir que Barcelona ha sido, desde hace mucho tiempo, un centro neurálgico del arte, la arquitectura y el diseño. Su rica historia, junto con la consolidación de empresas y marcas contemporáneas, ha florecido especialmente en los últimos 20 años. También es posible conocer la trayectoria de diseñadores extraordinarios, como Miguel Milá. Pero, más allá de eso, considero que Barcelona ofrece un ambiente y un equilibrio entre la vida laboral y personal que cualquiera desearía. Su clima privilegiado, su gastronomía excepcional y su cultura brindan una calidad de vida inmejorable. Si bien se suele decir que «somos lo que comemos», nuestro diseño es, en realidad, el resultado de nuestras experiencias. Vivir en un entorno estimulante e inspirador influye, sin duda, en nuestra forma de ser. En mi caso, Milán ofrece valores similares; por eso vivo allí.
- Si tuvieras que transmitir una sola idea a un joven diseñador que empieza hoy -en un mundo saturado de imágenes, objetos y estímulos-, ¿qué le dirías?
Muchos estímulos visuales y la inteligencia artificial crean la ilusión de una experiencia real. Sin embargo, el conocimiento y la experiencia son cosas distintas. Considero que solo las experiencias auténticas, vividas a través de los cinco sentidos, nos permiten apropiarnos verdaderamente del conocimiento que adquirimos. Es precisamente esa apropiación la que marca la diferencia en el diseño: aporta matices significativos y un enfoque personal a las cosas.
La definición de diseño, así como sus límites como categoría, se están desvaneciendo rápidamente. A mi entender, el diseño consiste en transformar ideas y posibilidades en experiencias valiosas, ya sea a través de medios físicos, interactivos o emocionales. Es una forma de pensar y de mostrar interés por el entorno que marca la diferencia en cualquier contexto en el que nos encontremos.
Por ello, animo a los jóvenes diseñadores a experimentar el mundo con sus cinco sentidos y a buscar la manera de traducir esas vivencias personales en soluciones que mejoren nuestra calidad de vida.

Lámpara con una mesa para Living Divani (2019)
Imágenes: cortesía del diseñador




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