
RIERA:
Riera es la rehabilitación de una vivienda situada en un edificio entre medianeras de los años sesenta, en el trazado de la Riera de Matamoros, en el casco antiguo de Badalona (España). El proyecto, llevado a cabo por los arquitectos Mònica Piqué y Jordi Ribas, componentes del estudio barcelonés LABLANCA, parte de la geometría de la vivienda existente para reorganizar por completo su interior, mejorar sus condiciones de habitabilidad y dar cabida a un estudio de producción musical, sin renunciar a la continuidad espacial.
El contexto urbano y la vivienda preexistente
La vivienda se encuentra en un ámbito consolidado de Badalona, una conocida ciudad costera junto a Barcelona (España), con una trama de parcelas estrechas y profundas desarrollada a partir de finales del siglo XIX. Entre las décadas de 1940 y 1970, el barrio experimentó un proceso de densificación basado en la sustitución de viviendas tradicionales —con amplios patios posteriores— por edificaciones plurifamiliares que mantuvieron la geometría y la parcelación originales, incrementando la profundidad edificada y reduciendo los espacios libres. Esta condición se tradujo en una planta alargada que obliga a la aparición de un patio central, situado a mitad de la planta.
Los arquitectos se encontraron con una casa en un estado muy próximo al original de su construcción, en 1968. Aunque su conservación era correcta, presentaba una distribución muy fragmentada, con estancias de tamaño reducido y un aprovechamiento limitado de la luz y la ventilación. Las necesidades principales consistieron en redistribuir las piezas de la vivienda, corregir las limitaciones del estado previo y mejorar el asoleamiento y la ventilación de todas las estancias, así como integrar un estudio de producción musical, conciliando el uso doméstico con la actividad profesional. La intervención debía garantizar el aislamiento acústico de la zona de noche e incorporar, al mismo tiempo, el espacio de trabajo en el flujo cotidiano.
Una nueva distribución para mejorar la habitabilidad
El punto de partida del diseño fue la geometría de la preexistencia, definida por un patio central que divide el piso en dos grandes ámbitos: uno en fachada y otro, de mayor tamaño, hacia el interior. A partir de esta configuración, se optó por conservar la estructura existente, las fachadas y medianeras, así como las aberturas en fachada, y plantear una reorganización completa del interior para adaptarlo a las nuevas condiciones de habitabilidad.
La reforma asumió la condición lineal de la propiedad y organizó la planta a partir de un cuerpo de servicios y almacenamiento de espesor variable que recorre su profundidad. Este cuerpo construye una secuencia continua a lo largo de la vivienda y concentra el almacenamiento —armarios en dormitorios, recibidor y estudio—, los núcleos húmedos, como el baño y la cocina, los espacios distribuidores y los falsos techos que alojan las instalaciones. Al mismo tiempo, permite ordenar la planta sin fragmentarla en exceso, liberar el resto del espacio y acompañar el recorrido longitudinal. También actúa como filtro entre ámbitos —zonas más privadas y espacios comunes—, generando umbrales y resolviendo las transiciones sin interrumpir la continuidad espacial.
La organización longitudinal del interior
A la hora de distribuir las estancias, la primera decisión fue situar el espacio principal y el estudio de producción musical, ubicado en la parte posterior de la cocina, en la fachada posterior, donde se dispone de un mejor asoleamiento, mientras que los dos dormitorios se ubicaron en la fachada principal. Todos ellos se relacionan con la circulación principal a través de pequeños distribuidores que actúan como filtro y garantizan su independencia respecto a las zonas comunes. En el caso de los dormitorios, ambos comparten un mismo distribuidor, reforzando la agrupación de la zona de noche. Esta estrategia implica recorrer longitudinalmente la vivienda desde el acceso, en la fachada principal, hasta alcanzar la zona de día, transformando la profundidad de la parcela en el principal recurso del proyecto.
Para mejorar la iluminación y la ventilación natural, la estrategia principal consistió en aprovechar el patio central existente y reforzar su papel dentro de la vivienda. Para ello, se introdujo una apertura en la parte central del recorrido que permite que la luz penetre en el interior y reduzca la profundidad percibida de la planta.
El patio central como fuente de luz y ventilación, y el amarillo como hilo conductor cromático
Por otra parte y debido a la limitada calidad de los materiales existentes, se apostó por la incorporación de nuevos materiales, manteniendo la estructura general del edificio como soporte de la nueva organización espacial. La intervención se materializó a partir de una paleta contenida, donde el microcemento en los pavimentos aporta continuidad y refuerza la lectura unitaria del espacio. En contraste, las piezas cerámicas en cocina y baños introducen una textura más específica, asociada a los ámbitos húmedos. Esta combinación permite diferenciar usos mediante el color y el material, sin fragmentar la vivienda.
El amarillo se elige como hilo conductor cromático por su capacidad para aportar luminosidad al conjunto. Su presencia introduce puntos de intensidad que cualifican los distintos ámbitos y permite diferenciarlos mediante el color y el material, sin fragmentar la vivienda. Así, la intervención construye una identidad común para el conjunto a partir de una paleta contenida y de recursos precisos, en diálogo con la nueva organización espacial.
LAS IMÁGENES DE SIMONE MARCOLIN:











FICHA TÉCNICA:
- Proyecto: Riera.
- Ubicación: Riera de Matamoros, Badalona (Barcelona / España).
- Superficie construida: 90 m².
- Completado: 2026.
- Autor: LABLANCA.
- Arquitectos: Jordi Ribas y Mònica Piqué.
- Fotografías: Simone Marcolin.
PLANIMETRÍA:

AXONOMETRÍA:

SOBRE LABLANCA:
LABLANCA es un estudio de arquitectura con sede en Barcelona (España), formado por Jordi Ribas y la Mònica Piqué. La actividad del despacho se centra principalmente en el hábitat y los espacios híbridos, con especial atención a la rehabilitación. Para el estudio, cada proyecto es una oportunidad para explorar nuevas formas de habitar y repensar la relación entre las personas y el espacio, trabajando con sensibilidad hacia las preexistencias y ofreciendo respuestas claras a las necesidades contemporáneas.
Jordi se graduó como arquitecto en 2015 en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB), de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), y cofundó el estudio Allaround Lab. A partir de 2020, comenzó a colaborar con Mònica, graduada en la misma escuela en 2022. Tras varios años de trabajo conjunto, en 2025 decidieron consolidar su trayectoria con LABLANCA, un estudio que refleja su manera de entender y abordar la arquitectura.
Contacto: hola@lablanca-arq.com
Fuente: LABLANCA



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