El arquitecto Takeshi Yamamura y la arquitecta Natalia Sanz Laviña
YSLA ARCHITECTS:
El estudio YSLA Architects, acrónimo de Yamamura Sanz Laviña Architects, fue fundado en Meguro (Tokio) en 2016 por la arquitecta española Natalia Sanz Laviña (1982) y el arquitecto japonés Takeshi Yamamura (1987).
Natalia es arquitecta y tiene un máster en Arquitectura por la ETSAB (Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona). Tras su graduación, trabajó durante más de una década en el estudio de arquitectura Kengo Kuma & Associates, en Tokio, experiencia que le proporcionó un profundo conocimiento de la arquitectura japonesa y de su innovador enfoque de la sostenibilidad y la integración con la naturaleza. Además, fue profesora de Arquitectura Ambiental en la Universidad de Chuo, en Tokio.
Takeshi Yamamura (1987), tras obtener su licenciatura y máster en Arquitectura en la Universidad de Waseda, en Tokio, se doctoró en la misma institución. Durante este periodo, también trabajó en DFI Architects, en Tokio. Posteriormente, perfeccionó su experiencia en arquitectura durante su etapa en Dominique Perrault Architecture, en París (2012-2015), donde participó en proyectos internacionales de gran envergadura. Desde 2020, ejerce como profesor asociado en la Universidad Politécnica de Tokio y, anteriormente, fue profesor asistente en la Universidad de Waseda (2015-2020).
Encuentro entre España y Japón
Natalia y Takeshi se conocieron en la ETSAB y, más tarde, desarrollaron carreras complementarias en Japón. El trabajo de este tándem de arquitectos gira en torno a la relación entre arquitectura, naturaleza, artesanía y contexto cultural. Desde sus inicios, el estudio se ha dedicado a diseñar tanto proyectos residenciales como hoteleros, oficinas y escenografías para espacios de exposición.
La filosofía de YSLA se basa en el concepto Feel wider, feel better (sentirse más amplios, sentirse mejor). Para ellos, un hogar confortable no depende de los metros cuadrados que tenga, sino de cómo las personas que lo habitan desean pasar su tiempo en él. Crean espacios que se perciben amplios, libres y confortables, independientemente de sus dimensiones, y buscan alcanzar la máxima comodidad incluso en espacios reducidos. Para conseguirlo, en sus proyectos combinan una forma de vida mediterránea, más abierta y compartida, con la flexibilidad japonesa y su sensibilidad hacia los materiales y el detalle.
Una conversión sobre arquitectura y diseño
Esta semana, conversamos con Natalia y Takeshi sobre las similitudes y diferencias entre la arquitectura española y la japonesa, su filosofía de trabajo, su visión sobre lo que es un buen diseño y la importancia de la naturaleza y el entorno en cada proyecto.
YSLA EN INTERIORES MINIMALISTAS

Dúplex Yoyogi. Fotografía: Munetaka Onodera
LA ENTREVISTA:
- ¿Cómo nació YSLA Architects y qué motivó vuestra asociación?
YSLA nació en 2016 de una trayectoria personal y profesional compartida. Nos conocimos en la ETSAB de Barcelona y después desarrollamos carreras complementarias en Japón: Takeshi, más vinculado al ámbito académico como profesor en Waseda University y Tokyo Polytechnic University; y Natalia, desde la práctica profesional, durante diez años en Kengo Kuma & Associates.
Llegó un momento en que quisimos iniciar un proyecto más personal y acompañar todo el proceso, desde la relación con el cliente y el diseño hasta la ejecución. Un par de encargos de Nendo para la escenografía de sus primeras exposiciones monográficas fueron el inicio.
- ¿Cómo definiríais la filosofía de YSLA?
La resumimos en una frase: Feel wider, feel better. Buscamos crear espacios que se perciban amplios, libres y confortables, independientemente de sus dimensiones. Combinamos una forma mediterránea, más abierta y compartida, de vivir los espacios con la flexibilidad japonesa y su sensibilidad por los materiales y el detalle.
- ¿Qué aporta cada uno de vosotros al proceso creativo del estudio?
Takeshi tiene una mirada más teórica, serena y analítica, reforzada por su actividad docente. Es capaz de tomar distancia y evaluar los proyectos con objetividad. Además, comprende muy bien los tiempos y protocolos de Japón, algo fundamental en proyectos largos, con muchos agentes e inversiones importantes.
Natalia aporta una visión más vinculada a la práctica profesional y una relación directa con la materialidad y con la manera en que los espacios se viven y se comparten. Cuando el proyecto lo requiere, incorpora también una mirada pragmática, estratégica y empresarial: sabe buscar el equilibrio entre ambición arquitectónica, presupuesto y viabilidad.
Los proyectos surgen de un diálogo continuo en el que cada uno cuestiona, completa y lleva más lejos las ideas del otro.

Akiko House. Fotografía: Keishin Horikoshi
- ¿Qué importancia le dais a la naturaleza y al entorno en cada proyecto?
Muchísima. Antes de pensar en la forma, estudiamos la luz, el aire, la orientación, las vistas y las condiciones específicas del lugar. Siempre aconsejamos priorizar un buen entorno y unas buenas cualidades naturales frente a unos metros cuadrados adicionales: si existe lo primero, nosotros podemos hacer que el espacio se perciba más amplio.
- ¿Qué aspectos de la arquitectura mediterránea pueden dialogar con la cultura japonesa? ¿Hay similitudes entre ambas?
Aunque sus arquitecturas tradicionales utilizan materiales muy diferentes —piedra en el Mediterráneo y madera en Japón—, ambas conceden gran importancia a la luz, la sombra, la ventilación y la relación entre interior y exterior.
Hace unos años organizamos entre Waseda University y la ETSAB el workshop Mediterranean Blind & Japanese Sudare. Estudiantes de Tokio y Barcelona estudiaron dos elementos con una función similar, pero adaptados a cada territorio. Fue un diálogo muy bonito entre ambas culturas.
- ¿Se podría decir que en vuestro trabajo hay influencias japonesas y españolas?
Es inevitable, porque vivimos entre ambas culturas. Japón nos ha enseñado la precisión, la atención al detalle y a los materiales, la flexibilidad y el aprovechamiento del espacio. De España tomamos una relación más abierta por ejemplo entre la vivienda y la vida social: abrimos y compartimos más nuestras casas con familiares y amigos. Por eso, para nosotros, la sensación de amplitud es esencial porque proporciona opciones a formas de vivir.
- ¿Qué diferencias existen entre el interior de una vivienda en Japón y el de una vivienda en España? ¿Qué prioriza la cultura japonesa?
La vivienda tradicional japonesa, construida con pilares de madera y particiones correderas, favorece espacios flexibles y soluciones a medida. Los japoneses viven más cerca del suelo: el mobiliario suele ser bajo y el pavimento se habita, por lo que materiales como la madera, el tatami o la moqueta adquieren especial importancia. Los terremotos también aconsejan evitar muebles altos y una decoración excesiva en altura.
La cultura japonesa prioriza la funcionalidad, la privacidad, los materiales naturales y las atmósferas tranquilas. Sus acciones cotidianas como quitarse los zapatos, el ritual del baño, la aireación de los futones, etc. influyen profundamente en el diseño.

Una casa alrededor del bosque. Fotografía: Munetaka Onodera
- ¿Siempre diseñáis mobiliario a medida en vuestros proyectos de interiores?
No siempre, pero el mobiliario a medida permite optimizar el espacio y responder con precisión a cada proyecto, especialmente cuando las dimensiones son reducidas. A veces uno o dos muebles bien diseñados bastan para organizar la circulación, integrar almacenamiento o transformar la percepción de un interior.
En hoteles, solemos diseñar más piezas porque forman parte de la experiencia global. En viviendas, buscamos un equilibrio entre mobiliario a medida, piezas de catálogo y objetos que ya pertenecen al cliente. Nos gusta dejar espacio para que las personas completen la casa y expresen su personalidad.
Dos ejemplos muestran bien nuestra aproximación al mobiliario. En las viviendas sociales que proyectamos en Osaka incorporamos armarios, estanterías y muebles de televisión: aquellas piezas que resultan más difíciles de adaptar de una vivienda a otra. Así dejamos al inquilino libertad y un mejor presupuesto para completar el resto.
En Akiko House, en cambio, combinamos muebles diseñados por nosotros con otros adquiridos o que ya pertenecían a la propietaria. Una reforma también debe ser sensible a la vida y a los objetos que el cliente trae consigo.
- Lighthouse, concebido como hotel, acabó convertido en un edificio residencial debido a la COVID. ¿Por qué creéis que gustó tanto?
El hotel debía abrir en 2020, coincidiendo con los Juegos Olímpicos, pero el cierre de fronteras obligó a replantear rápidamente su uso. Gracias a la flexibilidad del diseño, pudimos transformarlo en un edificio residencial sin retrasar la obra ni generar un sobrecoste.
Las proporciones de las habitaciones, la calidad de los materiales, los servicios y, especialmente, las amplias terrazas permitieron que el edificio se alquilara al 100 % desde el primer día. Para el inversor, esto significó proteger el activo y asegurar rentabilidad (aunque menor) en un contexto muy adverso donde hubieron muchas quiebras en el sector.
El proyecto tuvo una gran repercusión entre promotores y operadores hoteleros y, desde entonces, esta área se ha convertido en una parte importante de nuestro estudio. Hemos completado cuatro hoteles y, actualmente, trabajamos en otros dos en Tokio, en Tsukiji y Akasaka. Esta experiencia nos permite entender cada proyecto no solo desde el diseño, sino también desde su viabilidad, operación y valor a largo plazo.

Hotel Section L Yushima. Fotografía: Munetaka Onodera
- ¿Qué es un buen proyecto para ti?
Aquel en el que todas las partes terminan felices, orgullosas de lo conseguido y logra mejorar la vida de las personas que lo van a habitar.
Un buen ejemplo es una pequeña reforma que realizamos en Yoyogi para la familia de un compañero de colegio de nuestro hijo. Era una vivienda modesta y contaban con un presupuesto muy reducido, pero desde el primer momento tuvieron claro que solo querían trabajar con nosotros. Su confianza y su ilusión hicieron que aceptáramos el proyecto.
Nos encontrábamos en un momento vital muy parecido al suyo, por lo que comprendimos enseguida lo que necesitaban, aunque ellos todavía imaginaran el resultado de una manera diferente. Durante el proceso llegué a intuir que la casa terminada superaría ampliamente sus expectativas y que transformaría realmente su vida cotidiana.
Cuando entraron por primera vez y vieron el resultado, se emocionaron. Pasamos el 65% de nuestra vida en casa, y sentir que habíamos conseguido ofrecerles una forma de vivir mejor de la que ellos mismos habían imaginado fue muy especial. Al terminar la obra, me entregaron una carta escrita a mano en español agradeciendo la nueva vida que les habíamos dado. Para mí, eso es un buen proyecto.
- ¿Cómo ha cambiado la arquitectura desde que fundasteis el estudio en 2016?
El primer punto de inflexion fue la pandemia aumentando el interés por los interiores e impulsando a más familias de clase media a considerar una segunda residencia. La gente empezó a pasar mucho más tiempo en casa con sus familias, lo que en Japón se conoció como ouchi-jikan, o «tiempo en casa». Como consecuencia, más clientes comenzaron a buscar interiores con una calidad similar a la de un hotel, aspirando a un mayor grado de confort y bienestar en su entorno cotidiano.
Actualmente, nos enfrentamos a un reto diferente. Las tensiones geopolíticas y las interrupciones en las cadenas de suministro han generado inestabilidad en el coste y la disponibilidad de los materiales, lo que provoca aumentos de precios y plazos más largos. Esto nos lleva a considerar materiales atendiendo con mas cuidado a su origen, producción y disponibilidad a largo plazo.
Por último, está la revolución de la AI, que algunos consideran la siguiente gran transformación después de la Revoluciones Industrial y de la IT. Todavía estamos explorando en qué procesos y etapas puede integrarse de manera útil en nuestro estudio, sin comprometer nuestras intenciones de diseño ni la relación cercana y personal que mantenemos con nuestros clientes.
Algunos clientes ya utilizan la IA para visualizar sus ideas, y nosotros tenemos sentimientos encontrados al respecto. Valoramos las palabras, la conversación y ese proceso gradual que nos permite comprender a cada cliente, mientras que estas herramientas tienden a ofrecer respuestas generales para situaciones muy concretas. Nuestra labor como diseñadores consiste precisamente en encontrar soluciones hechas a medida. Según nuestra experiencia, los clientes siguen entendiendo mucho mejor los espacios a través de una maqueta física, por lo que continuamos desarrollándolas tanto para nuestras reuniones internas como para las presentaciones con clientes.

Vivienda pública en Osaka. Fotografía: Munetaka Onodera
- Después de una década en Meguro, ¿no os habéis planteado abrir una delegación en Barcelona?
Sí. De hecho, este año Natalia trabaja la mayor parte del tiempo desde Barcelona y parte del equipo también está aquí. Nos interesa desarrollar una estructura flexible e internacional que nos permita estar presentes en Japón y España, colaborar con equipos locales y atender mejor los proyectos internacionales.
Este año, por ejemplo, hemos diseñado en el Palau Güell una exposición para la multinacional japonesa YKK AP.
- ¿Qué consejo daríais a un estudiante de arquitectura que quiere trabajar internacionalmente?
Querer hacerlo ya es el paso más importante, porque demuestra curiosidad. Después hay que comprender que existen muchas formas de trabajar y de abordar el proceso creativo. Lo esencial es adaptarse sin perder la propia identidad y aprender a apreciar las diferencias.

Masako House. Fotografía: Munetaka Onodera
Imágenes: cortesía de YSLA





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