
CASA KEHAI:
En la tradición japonesa, el valor de una casa no reside tanto en sus límites físicos como en el vacío que alberga. Tal como planteó el filósofo, escritor, historiador y crítico de arte Kakuzo Okakura, ese vacío posee una capacidad esencial: la de contenerlo todo. Bajo esta premisa se articula esta vivienda, concebida desde su origen no como un objeto construido, sino como un espacio disponible, un vacío activo que permite habitar, moverse y pensar.
Diseñar tu propia casa
Proyectar la propia casa, en este caso la del arquitecto Rogelio Vallejo Bores, fundador de HW Studio, implica un ejercicio poco habitual para quien está acostumbrado a materializar las ideas y los deseos de otros. Aquí, el proceso se convierte en una reflexión íntima sobre la coherencia entre el discurso arquitectónico y la forma de vida. La obra surge así de una pregunta fundamental que se hizo el propio arquitecto: «¿cómo edificar una vida que sea coherente con las palabras que uno ha pronunciado durante años?».
Una vivienda definida por la cultura japonesa
Lejos de decisiones puramente formales, el proyecto estuvo condicionado por un presupuesto ajustado que exigió precisión y sentido en cada elección. Cada recurso debía justificarse, cada metro debía responder a una necesidad concreta. Sin embargo, más allá de las limitaciones económicas, la influencia de una prolongada aproximación a la filosofía zen y a la cultura japonesa terminó por definir el carácter de la vivienda.
Un jardín de piedra que articula la experiencia doméstica
Exteriormente, el volumen se presenta como una pieza sobria y contenida, una caja silenciosa que se integra con discreción en el entorno urbano. Su apariencia hermética no busca aislar, sino resguardar. Al atravesar el umbral, el espacio revela su verdadera intención: proteger un núcleo delicado, un jardín de piedra que, sin imponerse, organiza toda la experiencia doméstica.
Dos plataformas de madera convertidas en pausas espaciales
Inspirado en los templos de Kioto, este jardín no pretende representar, sino sugerir. La disposición de las piedras responde a una lógica sensorial, capaz de evocar sensaciones y sentimientos más que imágenes. Sobre una superficie de grava gris, dos plataformas de madera emergen como planos suspendidos. No se conciben como suelo en sentido convencional, sino como pausas espaciales, lugares para detenerse y habitar el tiempo. Más que un elemento decorativo, el jardín actúa como principio estructurador. En torno a él, se disponen los distintos espacios de la vivienda, orbitando como cuerpos en equilibrio alrededor de un centro inmóvil. Así, el vacío deja de ser ausencia para convertirse en el verdadero motor del proyecto.
El estar, un ámbito de contemplación
A partir de este núcleo se estructura el programa. A un lado, la cocina y el comedor se desarrollan en doble altura, rematados por un volumen que recoge los humos del fuego. Este recurso no responde únicamente a una evocación del pasado, sino que incorpora una previsión concreta: la posibilidad de que el entorno urbano deje de garantizar lo esencial. En el lado opuesto, la sala se configura como un ámbito de contemplación, donde grandes piedras reaparecen como presencias aisladas en un paisaje interior silencioso.
Entre ambos espacios no existe un paso cubierto. El tránsito se produce a la intemperie, de modo que la lluvia -o la espera- forman parte de la experiencia cotidiana. La arquitectura no se plantea como un sistema de protección frente al exterior, sino como una mediación que restituye el vínculo con él.
Puertas shōji, el límite entre interior y exterior
El límite entre los espacios interiores y exteriores se resuelve mediante puertas shōji de papel de arroz, que actúan como un filtro sensible de la luz. Al atravesarlas, la iluminación se suaviza y adquiere una cualidad gradual, donde la sombra no se entiende como ausencia, sino como una manifestación más delicada de la propia luz.
En el nivel superior, la habitación se reduce a su mínima expresión. Una única ventana circular enmarca la presencia del árbol situado en el jardín central, estableciendo una relación directa entre el espacio íntimo y el corazón de la vivienda.
Una lógica austera
El conjunto responde a una lógica austera: se eliminan recorridos innecesarios y cualquier gesto superfluo. La ausencia casi total de vidrio concentra la mirada en tres pequeñas aperturas orientadas hacia elementos precisos del entorno -una montaña, un pino cercano y el árbol interior- mientras el resto del volumen permanece contenido, volcado hacia sí mismo.
Optimizar los recursos constructivos
El acceso invierte la lógica habitual al plantearse como un descenso. La entrada acompaña la topografía hasta encontrar el punto donde la roca ofrece firmeza, optimizando los recursos constructivos. Este gesto introduce, además, una dimensión simbólica: acceder implica una cierta disposición de recogimiento, una transición que prepara el habitar.
Sensibilidad cercana a la tradición japonesa
En conjunto, la Casa Kehai se alinea con una sensibilidad próxima a la tradición japonesa, donde lo imperfecto, lo incompleto y lo efímero adquieren un gran valor. No se trata de una arquitectura concebida para imponerse, sino de un espacio pensado para perdurar en el tiempo y en silencio, sosteniendo una forma de vida esencial.
LAS IMÁGENES DE CÉSAR BÉJAR Y GUSTAVO QUIROZ:


















FICHA TÉCNICA:
Proyecto: Casa Kehai.
- Ubicación: Morelia, Michoacán (México).
- Superficie: 95 m².
- Completado: 2025.
- Autor: HW Studio.
- Arquitecto principal: Rogelio Vallejo Bores.
- Arquitectos: Óscar Didier Ascencio Castro y Nik Zaret Cervantes Ordaz.
- Ingeniero de estructuras: Abdiel Nuñez Gaona.
- Empresa constructora: Alberto Gallegos Negrete (Grupo GAPSE).
Fotografías: César Béjar y Gustavo Quiroz.
ESBOZO:

PLANIMETRÍA:







SOBRE HW STUDIO:
HW Studio es una firma de arquitectura fundada, en 2010, en la ciudad de Morelia (Michoacán / México). El estudio está formado por un grupo multidisciplinario de arquitectos, que realiza proyectos residenciales, corporativos o culturales. Explican en su web que tienen una forma muy específica de abordar sus proyectos para generar arquitecturas sutiles, bellas, funcionales, mágicas, significativas, que inspiren pero que vayan acompañadas de la mejor respuesta técnica posible. «Consideramos el diálogo con nuestro cliente, con el entorno, con los técnicos y con nuestro propio lenguaje un valor dentro del proceso de diseño. El proceso de trabajo debe ser riguroso, armonioso y preciso», explican.
HW Studio forma parte de una red formada por firmas de arquitectura de Uruguay, España, Panamá, Nicaragua, Brasil, Argentina y Rusia, con las que comparte intereses, proyectos, búsquedas e intercambios. Esto les permite resolver, de forma económica y eficiente, encargos fuera de sus propias fronteras.
El nombre del estudio proviene de la combinación de dos letras: la letra H es considerada la letra muda en español, representando gráficamente el silencio; la letra W proviene del concepto japonés Wabi Cha, un concepto que prefieren no intentar explicar, ya que el lenguaje es enemigo de la comprensión profunda.
Fuente: v2com newswire y en la web de HW Studio






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