Retratos: cortesía de Susanna Cots Interior Design
SUSANNA COTS:
Esta semana, entrevistamos a la interiorista Susanna Cots (Solsona, 1977) cuando se cumplen 25 años de la fundación de su estudio, Susanna Cots Estudi de Disseny, creado en 2001. Actualmente, el despacho opera bajo el nombre Susanna Cots Interior Design y tiene su sede en la localidad de Peratallada (Girona / España). Desde 2014, cuenta también con una segunda delegación en Hong Kong (China).
La filosofía de Susanna Cots se centra en el concepto de «mínima expresión, máxima emoción» o, en otras palabras, “la expresión sencilla del pensamiento complejo”. En cada proyecto la diseñadora de interiores busca lo esencial, reduciendo lo superfluo y otorgando valor a lo simple. Para ella, un espacio debe hablar por sí mismo honestamente y sin banalidades.
Los «elementos invisibles»
Sus proyectos transmiten introspección, serenidad y bienestar; son espacios que reciben y acogen a quienes los habitan. Cuando inicia un proyecto, lo verdaderamente importante para Susanna Cots es lo que denomina “elementos invisibles”: la luz, una luz natural que acompañe los ritmos biológicos de las personas a lo largo del día; el silencio visual, entendido como la ausencia de todo lo que no aporta; la proporción, para que el espacio tenga exactamente el tamaño que necesita; y el olor, el único sentido capaz de fijar los lugares en la memoria de forma permanente. Cuando todos estos elementos están bien resueltos, el bienestar deja de ser un objetivo para convertirse una consecuencia.
La luz no ilumina, transforma
Para la interiorista, la luz es el elemento primordial, antes que los materiales, el color o cualquier otro recurso, ya que, una vez resuelta de forma adecuada, todo lo demás encuentra su lugar. La luz no ilumina, transforma.
Cots ha proyectado desde viviendas privadas hasta hoteles boutique, clínicas, hospitales y espacios comerciales, pero todos ellos respiran ese sello tan personal de la interiorista, que obvia las modas y tendencias para enfocarse en la mejor manera de sentir un espacio y conseguir el bienestar emocional de las personas cuando se adentren en él, independientemente de que se trate de una vivienda o de un espacio público.
Un trabajo reconocido nacional e internacionalmente
Reconocida tanto nacional como internacionalmente, Susanna Cots ha recibido numerosos premios, entre ellos: los German Design Awards (Alemania, 2020), los Luxury Lifestyle Awards y los Lux Life (Inglaterra, 2017 y 2018), los Idea Top Awards (China, 2012 y 2013).
En la entrevista, hablamos con Susanna sobre su trayectoria profesional a lo largo de estos 25 años, la filosofía del estudio y de la aplicación de la neurociencia al diseño de espacios.
SUSANNA COTS EN INTERIORES MINIMALISTAS

Les Clarisses. Fotografía: Mauricio Fuertes
LA ENTREVISTA:
- ¿Cómo decidiste dedicarte al interiorismo? ¿Cuál fue tu primer proyecto?
Siempre he querido ser bailarina, clásica y contemporánea. Bailé hasta los 20 años. Pero decidí que no, porque implicaba viajar demasiado. Así que me decanté por el diseño de interiores, de manera completamente vocacional. Y, al final, he acabado viajando y trabajando por todo el mundo. La vida tiene ese sentido del humor.
Mi primer proyecto fue una vivienda en Manresa. Hoy, 25 años después, sigue exactamente igual. Hay personas que te abren la puerta cuando todavía no tienes nada hecho. Eso no se olvida.
- ¿Durante estos 25 años de trayectoria tu manera de proyectar ha ido evolucionando?
Inevitablemente. Un proyecto es siempre el reflejo de quien lo firma. Y yo no soy la misma persona que era hace 25 años. Al principio, diseñaba desde la intuición, que era buena, pero era solo mía. Con los años, he aprendido a escuchar más y a decidir menos deprisa. A hacer preguntas que el cliente no espera. A observar antes de proponer. El método se ha vuelto más preciso. La mirada, más profunda. Y yo, más consciente de que todo empieza por saber quién tienes delante.
- ¿Cuáles son tus premisas a la hora de arrancar con un nuevo proyecto? ¿Cuándo empieza el diseño de un espacio?
El diseño empieza en el momento exacto en que nos conocemos con el cliente. Antes de cualquier esbozo, antes de cualquier decisión. La premisa es que todos nos sintamos cómodos, el cliente, el espacio y nosotros. Que lo que construyamos juntos sea un lugar que te reciba cada vez que entras. Eso es lo que buscamos siempre.

Minimalismo azul. Fotografía: Mauricio Fuertes
- ¿Qué papel juega la emoción en el diseño de interiores? ¿Cómo puede el diseño influir en la salud mental y emocional de las personas?
Prefiero hablar de neurociencia más que de emoción. No porque la emoción no exista, sino porque el impacto de un espacio sobre una persona es mucho más preciso y más profundo de lo que la palabra «emoción» sugiere. Un espacio afecta al sistema nervioso. Ordena o dispersa el pensamiento. Da o roba energía. El cerebro procesa el entorno en milisegundos, antes de que seamos conscientes de ello. Eso no es una intuición, es ciencia.
Lo que yo llamo «elementos invisibles» -la luz, el silencio, la proporción, el olor- son los que realmente determinan cómo se siente una persona dentro de un espacio. Y trabajar con precisión sobre esos elementos es lo que hace que un espacio no solo sea bonito, sino que funcione de verdad para quien lo habita.
- ¿Qué es la luz para Susanna Cots?
Todo. Y no lo digo de manera poética. Soy hipersensible a la luz. Siempre lo he sido. Y eso me ha obligado a entenderla mucho antes de estudiar diseño, cómo cambia un espacio, cómo afecta al cuerpo, cómo regula los ritmos biológicos de las personas que lo habitan.
La luz no es estética. Es biología. Es el primer elemento que el cerebro procesa cuando entras en un lugar. Y el primero que determina si te sientes bien o no.
En cada proyecto, la luz es la decisión más importante. Antes que los materiales, antes que el color, antes que cualquier otra cosa. Porque una vez la tienes bien resuelta, todo lo demás encuentra su lugar.

Autumn in the North. Fotografía: Mauricio Fuertes
- ¿Nos podrías definir tu filosofía de diseño?
La expresión sencilla del pensamiento complejo. Detrás de cada decisión, hay años de investigación, de observación y de escucha. Pero el resultado siempre tiene que parecer inevitable, como si no pudiera ser de otra manera.
Diseño sin modas y sin tendencias. Desde lo esencial. Buscando espacios que sean honestos con quien los habita, que resistan el tiempo y que tengan la mínima expresión de la máxima precisión.
- ¿Cómo trabajas con la luz, los materiales y los colores? ¿Un material, un color y una luz que definan tu universo creativo?
Los trato como sistemas vivos, no como elementos decorativos. Cada uno tiene un comportamiento propio que cambia según el momento del día, la estación, la persona que está dentro.
Si tuviera que elegir uno de cada: la madera natural, el roble, en particular, me fascina por cómo envejece. Con el tiempo se vuelve más honesto, más bello. Como los espacios bien diseñados. El blanco, siempre. No como ausencia sino como punto de partida de cualquier proceso creativo. Un contenedor que permite que todo lo demás respire. Y la luz como tal, no como objeto, no como lámpara. La luz que entra, que cambia, que acompaña. La que no se ve, pero lo determina todo.
- ¿Qué elementos no pueden faltar en un espacio pensado para el bienestar?
Los invisibles. Siempre los invisibles. La luz natural bien resuelta, que acompañe los ritmos biológicos de las personas a lo largo del día. El silencio visual, la ausencia de todo lo que no aporta. La proporción, que el espacio tenga exactamente el tamaño que necesita, ni más ni menos. Y el olor. Es el único sentido que el cerebro no puede ignorar, el único que graba los lugares en la memoria para siempre. Un espacio que huele bien ya ha ganado mucho antes de que veas nada. Cuando estos elementos están bien resueltos, el bienestar no es un objetivo, es una consecuencia.

Copper House. Fotografía: Mauricio Fuertes
- En un mundo cada vez más digital, ¿cómo diseñas espacios que fomenten la desconexión y una relación más consciente con lo físico y lo cotidiano?
Diseño pensando en la persona. Siempre. Cada persona tiene su invisible, el que le ancla al presente sin que lo piense. El mío es el olor de mi casa. Cuando entro y lo percibo, ya he desconectado, antes de ver nada, antes de tocar nada.
Un espacio que tiene la luz bien resuelta, que tiene silencio visual, que tiene materiales que invitan al tacto, ese espacio ya genera presencia. No porque lo hayamos diseñado contra algo, sino porque lo hemos diseñado para alguien.
La desconexión no es un objetivo de diseño. Es una consecuencia natural de un espacio que sabe quién lo habita y qué necesita. Cuando un espacio te recibe de verdad, no necesitas buscar nada más.
- ¿Cómo es tu relación con el cliente desde el momento en que te encarga un proyecto?
Muy cercana. Tiene que serlo, es un proceso largo e íntimo. Entramos en la vida de las personas, en sus rutinas, en lo que no se dice. Eso requiere confianza en los dos sentidos. Y tengo que decir que en estos 25 años he tenido mucha suerte. Con el 90% de los clientes hemos acabado teniendo una relación de amistad que perdura con los años. Eso es lo que más me enorgullece, no los proyectos, sino las personas que han quedado.
- ¿Alguna vez has rechazado un proyecto por no estar en sintonía con el cliente?
Sí. Y con los años lo hago con más naturalidad y menos culpa. Es una cuestión de honestidad. Si en esa primera conversación no hay sintonía, si no siento que podemos construir algo juntos, el proyecto no va a funcionar para ninguno de los dos.
Un espacio es el resultado de una relación. Si la relación no tiene base, el espacio lo acusa. Y eso no es justo ni para el cliente ni para nosotros. Con el tiempo he aprendido que decir que «no» a tiempo es la decisión más respetuosa que puedes tomar.

The Eleven House. Fotografía: Mauricio Fuertes
- Has consolidado tu trayectoria también a nivel internacional, en 2014 abriste un estudio en Hong Kong. ¿Qué ha significado para ti esta experiencia?
Hong Kong llegó de la mano de los reconocimientos internacionales. Los premios abrieron puertas hacia Asia y nos descubrieron un mundo de posibilidades que no teníamos previstas. Hoy, diseñamos desde el Empordà para cualquier lugar del mundo. Un regalo que nunca hubiéramos imaginado.
- ¿Nos podrías explicar qué es el proyecto The Eleven House?
The Eleven House nació en Peratallada, un pueblo medieval en el Empordà. Es la casa número 11 y desde el primer momento nos enamoró. La vista, el espacio, la historia. Nació del deseo de compartir todo lo que me enamora, el arte, el diseño, la cultura, la belleza. Un espacio donde los invisibles son los protagonistas: la luz, el aroma, la sensación de entrar y sentir que algo cambia sin saber exactamente qué. Una concept store curada con la misma filosofía que guía el estudio. Pero con vida propia.
- ¿Hay algún proyecto que te gustaría realizar y que aún no te hayan propuesto?
En 25 años he tenido la suerte de diseñar de todo, iglesias, barcos, hoteles, clínicas, hospitales, tiendas, residencias de todo tipo. Cualquier espacio que tenga una historia que contar me apasiona. Y, especialmente, los que llevan siglos en pie, porque ya tienen algo que decir antes de que toques nada.
Si tuviera que elegir algo que aún no he hecho, sería un yate. Imagínate: el mar, la soledad, un espacio donde el silencio y la luz son los únicos protagonistas. Sin distracciones. Solo lo esencial. Creo que sería el proyecto más puro que podría diseñar.

Clínica Sant Josep. Fotografía: Mauricio Fuertes
Imágenes: cortesía de Susanna Cots Interior Design








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